El ataúd de cristal
- Nacionalidad: España
- Año: 2017
- Director: Haritz Zubillaga
- Intérpretes: Paola Bontempi, Antonio Baroja, Brais Pampín.
Prime
La película tiene una duración por debajo de los ochenta minutos, de los cuales los 45-50 iniciales - más o menos - me parecieron bastante buenos. Se nos presenta a la protagonista, una reputada actriz que va de camino a recoger un premio a toda su carrera (spoiler: llegará tarde a la fiesta… si es que llega); el escenario es la mencionada limusina (full equipped…, no le falta de nada); y pronto hace acto de presencia el villano de la función, a modo de voz distorsionada y mostrando una inquina mayúscula hacia nuestra sufrida protagonista.
Son los mejores momentos de El ataúd de cristal. Tensión, violencia explícita y el misterio de saber quién se esconde tras la voz distorsionada y cuáles son sus motivaciones y sus intenciones. El guión maneja muy bien los tiempos, dosificando perfectamente los estallidos de violencia. Y la esforzada labor de Paola Bontempi en el papel protagonista, contribuye a que la película resulte lo suficientemente entretenida en este tramo. Ningún pero hasta ese instante.
Pero llega el momento de aportar las esperadas respuestas, y aquí es donde, en mi opinión, El ataúd de cristal se tuerce, se rompe. La película juega una carta crucial: buscar la empatía del espectador con el villano. Un villano que ha sufrido lo indecible (tan solo hace falta verlo) y que tiene una cuenta pendiente con la protagonista. ¿Cuál es el problema entonces? Que no le encontré sentido alguno a ese odio que el villano profesa hacia la actriz. Me pareció una rabia desmesurada, pasada de vueltas y que, en ningún caso, justificaba las atrocidades cometidas en el interior de la limusina. Y, por supuesto, todo ello provoca que esa posibilidad de sentir un mínimo de empatía hacia el villano, se esfume. Desaparezca, sin más.
El desenlace de El ataúd de cristal no me ha convencido. No me lo he creído. Demasiado artificial, demasiado forzado. Y es una lástima porque el trayecto en limusina había sido de lo más placentero.







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