Birdeater
Birdeater, esta pequeña producción indie australiana escrita y dirigida por el dúo Jack Clark y Jim Weir, en el que supone el debut de ambos en el ámbito del largometraje; viene precedida de cierta vitola de ser una de las propuestas más incómodas y salvajes del año. No sé si tragármelo. La experiencia me dice que cuando una película viene con la etiqueta de “salvaje”, “extrema”, o similares… desconfíe. Porque cuando te tragas el caramelito y finalmente tienes la oportunidad de ver la película en cuestión, lo que suele suceder es que se queda corta por todos lados. Muchas salvajadas a las espaldas para que una película te acabe sorprendiendo en este sentido. O eso, o me estoy volviendo un puñetero agnóstico (cosas de la edad).Pero vamos a lo que realmente importa, que no es otra cosa que Birdeater, una película que en varias reseñas que he tenido la oportunidad de leer - muy en diagonal -, se suele definir como una exaltación de la masculinidad más tóxica, mostrada bajo los resortes del cine de terror. Me ha traído ecos al Revenge, de la francesa Coralie Fargeat.
En Birdeater, una futura novia es invitada a la despedida de soltero de su prometido en una propiedad remota en el interior de Australia (¿el interior de Australia? Eso no puede deparar nada bueno). Pero a medida que la celebración deriva hacia un caos empapado en cerveza, se revelan detalles incómodos sobre la relación de los novios y la despedida de soltero pronto se convierte en una pesadilla salvaje.







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