El último aliento
- The Last Breath
- Nacionalidad: UK
- Año: 2024 | Duración:
- Director: Joachim Hedén
- Intérpretes: Kim Spearman, Jack Parr, Julian Sands.
Prime
Tenemos al gracioso y torpe del grupo – huele a cadáver en su primera línea de diálogo – , la chica insulsa que no tiene nada que aportar – ni siquiera te darás cuenta de que ha muerto – , el capullo engreído – le espera la muerte más cruel, divertida y esperada de la película – y un par de amantes que se reencuentran y que, con un poco de suerte, son los únicos que tienen una mínima esperanza de salir con vida de este trance. Ni la historia que cuenta El último aliento, ni los personajes de la misma, tienen una especial relevancia; por mucho que los primeros treinta minutos de la película se esfuercen en construir una mínima trama o en dotar a los protagonistas de una especial entidad. No lo logra. La película es lo que es: un grupo de roles arquetípicos intentando salvar el pellejo bajo el agua. Pero resulta que esto es, precisamente, lo que he venido a ver…
Tras las cámaras tenemos a Joachim Hedén, lo cuál quizás no sería un datos especialmente destacable, si no fuera porque el bueno de Hedén, atendiendo a su filmografía reciente, parece ser todo un experto en películas submarinas, con títulos como Atrapada en las profundidades (2020… esta me apetece especialmente) o Inmersión (2023, en esta otra interviene como productor). Y supongo que fruto de esta buen oficio rodando bajo el agua, tenemos en El último aliento unas secuencias submarinas excelentemente filmadas, en las que toda la acción queda muy clara, limpia, fluida, incluso elegante. Las idas y venidas de los protagonistas en el interior del pecio, convertido en una trampa de metal herrumbroso, y acechados por unos tiburones fruto de un CGI más que aceptable (se agradece que al equipo de FX no les haya ido la mano con unos CGI grotescamente exagerados), conforman la base de una película que nunca le pierde la cara a su condición de mero, pero eficaz entretenimiento para los aficionados al género.
Porque lo cierto es que, en lo personal, El último aliento me funcionó en todas sus vertientes. Prácticamente no da tiempo a que los protagonistas se hagan insufribles. El pecio, como escenario claustrofóbico y laberíntico en el que en cada rincón, en cada recoveco, acecha un amenazante tiburón, funciona de maravilla, elevando un par de puntos la intensidad de la acción en momentos muy puntuales. Las muertes, sin ser espectaculares, son efectivas. Los efectos CGI no provocan vergüenza ajena. Julian Sands tiene una digna despedida. Y, en general, me ha parecido una muestra del cine de tiburones, en su modo de supervivencia, tremendamente amena e incluso divertida. Es, exactamente, lo que andaba buscando. Ni más ni menos.Reparto
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