Motín en el pabellón 11
- Riot in Cell Block 11
- Nacionalidad: USA
- Año: 1954 | Duración:
- Director: Don Siegel
- Intérpretes: Neville Brand, Emile Meyer, Frank Faylen.
Filmin
Motín en el pabellón 11 es cine de género puro, con vocación de denuncia social y política. Rodada en el interior de la célebre prisión de Folson, la misma a la que Johnny Cash le dedicó su Folson Prison Blues, y contando con presos y funcionarios reales en algunas de sus secuencias, Motín en el pabellón 11 cuenta cómo un grupo de presidiarios toman de rehenes a varios funcionarios para protestar ante los continuos abusos, malos tratos y pésimas condiciones de vida sufridas, a diario, en el interior de la prisión.
Tras un estallido de violencia inicial que Siegel muestra en un plano general con la elegancia y la contundencia habituales en el director norteamericano, el colectivo de presos del módulo 11 logra hacerse fuerte en el interior de la prisión y empieza a construir un discurso reivindicativo que intentarán, por todos los medios, traspase los muros del edificio en el que se encuentran hacinados.
Pero en estas situaciones extremas el paso del tiempo suele ser un peligroso e implacable enemigo. La unidad inicial de los presos pronto empieza a flaquear, a resquebrajarse, y surgen entre ellos diversas facciones que competirán por hacerse con el control del módulo. La presión del exterior va en aumento, la amenaza de una invasión por parte de la policía es inminente y la tensión entre los presos se vuelve insostenible, dando lugar a brotes de violencia que amenazan con acabar con la unidad y la revolución de forma abrupta.
La película bascula continuamente entre la negociaciones que los presos mantienen con las autoridades carcelarias y los medios de comunicación, y la frágil situación que se vive en el interior del módulo, un auténtico polvorín que amenaza con saltar por los aires en cualquier momento. Y todo ello contado desde la mirada dura, realista, directa y sin concesiones de un Don Siegel entregado, sin duda alguna, a la causa de los presos (que levante la mano aquel espectador que esté del lado del alcaide o del resto de autoridades penitencias. Imposible. La propia mirada del director nos posiciona, irremediablemente, en uno de los bandos).
Un desenlace, tremendamente pesimista, nos devuelve a la realidad. Los presos no salen vencedores. Las autoridades estatales vuelven a arrollarlos, a pasarlos por encima, a tragarlos y escupirlos. La revolución no se ha consumado y los líderes del motín tendrán que pagar el precio. Como espectadores no podemos evitar sentir cierta decepción y rabia. Pero en términos puramente cinematográficos, el viaje ha valido la pena. Motín en el pabellón 11 se establece en nuestra memoria como un tenso y emocionante drama carcelario contado desde un punto de vista que sabe aunar realismo e idealismo, dureza y belleza, con una extraordinaria habilidad. Un clásico.Reparto
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