Imagen de la película El baño del diablo, dirigida por Severin Fiala, Veronika Franz en 2024.
Poster de la película El baño del diablo

El baño del diablo

  • Des Teufels Bad
  • Nacionalidad: Austria
  • Año: 2024 | Duración:
  • Director: Severin Fiala, Veronika Franz
  • Intérpretes: Anja Plaschg, David Scheid, Maria Hofstätter.
¿Dónde la hemos visto?
Argumento
Agnes, profundamente religiosa y muy sensible, se casa con su amado Wolf y se prepara cándidamente para una vida de esposa. Poco después, su cabeza y su corazón empiezan a sentirse pesados. Día tras día, se ve cada vez más atrapada en un camino turbio y solitario que la conducen a los malos pensamientos. Quizá… no sólo pensamientos.
Voy a iniciar esta reseña con una afirmación que escucharéis o leeréis hasta la saciedad: esto no es terror. O al menos no es una película de terror al uso. A pesar de que el nombre del mismísimo maligno se invoque en el título, no esperéis, ni por asomo, un elemento o giro sobrenatural en El baño del diablo. Nos situamos, más bien, en el terreno de un drama rural de época con tintes casi diría que etnográficos.

Una joven lugareña llamada Agnes acaba de contraer matrimonio en la Austria rural (profunda) del siglo XVIII. Los días pasan y Agnes, un espíritu quizás demasiado libre, demasiado soñador para la época, se ve atrapada en una vida que no le proporciona felicidad alguna (la canción que entona Agnes con el estribillo “todos merecemos ser felices”, es un desgarrador grito de desesperación).
Sus fuertes convicciones religiosas le impiden, en última instancia, tomar el camino rápido para acabar con su sufrimiento (los suicidas eran considerados impíos que negaban el don de la vida que les había regalado Dios, por lo que no eran merecedores del descanso eterno). De manera que Agnes, buscando desesperadamente una salida, acaba tomando una terrible decisión.

El baño del diablo nos cuenta el terrible descenso de una joven insatisfecha al oscuro pozo de una depresión mayor. Una enfermedad mental, mezclada con fuertes axiomas religiosos que, por supuesto, nadie a su alrededor era capaz de entender (el propio concepto de enfermedad mental muy probablemente no existía).
La historia de Agnes está basada en el estudio de una historiadora austríaca que documentó cerca de 400 casos de personas (muchas de ellas, no todas, mujeres) que cometían delitos de sangre con el objetivo de ser ejecutadas tras confesar sus pecados y recibir el ego te absolvo del cura. El baño del diablo reconstruye uno de esos casos con una voluntad casi didáctica. Las durísimas condiciones de vida, la insatisfacción, la depresión, el flaco favor de la intromisión religiosa…; todo ello, combinado, creaba un caldo de cultivo idóneo para que personas como Agnes, que buscaban desesperadamente una vía de escape, llegaran a realizar actos deleznables.

La historia que hay detrás de El baño del diablo es apasionante. Pero ahora entremos en cómo los directores Veronika Franz y Severin Fiala plasman esa historia en pantalla. Y aquí entramos en el segundo mantra que acompañará a El baño del diablo: “esta es una película que se cocina a fuego lento”. Una forma bastante manida de decir que estamos ante una película lenta. En ocasiones, extremadamente lenta. Estoy seguro de que la historia que cuenta la película requería de un ritmo pausado y de una puesta en escena sosegada. El proceso de degradación que sufre la protagonista es progresivo, necesitamos disponer de ese tiempo para observar como afloran los miedos y las inseguridades de Agnes, y cómo todo ese proceso se va transformando en algo oscuro dentro de su alma. Pero tampoco os quiero engañar, hay momentos en los que esa dilación, esa calma, me llegó a desconectar. Entiendo que se quiera explicar el proceso paso a paso, de forma lineal y sin grandes sobresaltos; pero a mi yo espectador le sobraron unos 20 minutos de pasajes contemplativos en los que no sucede prácticamente nada. Sufrí, como creo que sufrirán muchos espectadores que se acerquen a El baño del diablo buscando una película de terror que les proporciones emociones fuertes.

Pero a pesar de todo creo que El baño del diablo se merece una recomendación. Por mi parte lo resumiría diciendo que la historia que cuenta me apasionó, a pesar de aburrirme en algunos pasajes. Estamos ante una película cruda, incómoda, que te hace recapacitar, aburrida por momentos (¿pecado mortal?), que nos regala la impresionante actuación de Anja Plaschg y que, sin ser una muestra dogmática del género terrorífico, nos ofrece una de las secuencias finales más terribles y sobrecogedores de los últimos tiempos.
Te gustará si…
Te apetece un drama rural de ritmo muuuy pausado y con un tramo final muy incómodo.

Reparto

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Dónde puedes verla

Imagen de la película El baño del diablo
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