Dejar el mundo atrás
- Leave the World Behind
- Nacionalidad: USA
- Año: 2023 | Duración:
- Director: Sam Esmail
- Intérpretes: Julia Roberts, Ethan Hawke, Mahershala Ali.
Netflix
Pues bien, voy adelantando faena… En mi opinión la película se queda en tierra de nadie. Tras una primera mitad en la que Esmail juega sus mejores cartas (aunque estas estén marcadas por el mejor M. Night Shyamalan), y nos ofrece un relato con tintes ciertamente apocalípticos (la visita de uno de los personajes a la casa de un vecino) y personajes que parecen esconder más de un secreto; Dejar el mundo atrás se acaba decantando por el desenlace más probable de todos los barajados hasta el momento, tirando por tierra buena parte del discurso de la película.
Pero vamos por partes. Todo los sistemas de comunicación empiezan a fallar, ocurre el episodio del petrolero (muy bueno) y, al caer la noche, se presentan los dueños de la casa, padre e hija, solicitando cobijo con la excusa de que un apagón repentino está provocando que las cosas se pongan realmente feas en la ciudad. Son los mejores momentos de la película. Aquellos en los que, como espectadores, estamos terriblemente desconcertados y atentos a cualquier nueva pista o detalle que nos arroje algo de luz acerca de lo que está ocurriendo. No estamos seguros de nada, ni siquiera de la verdadera identidad de quienes afirman ser los propietarios legítimos de la casa. Y en este sentido hacemos nuestras las dudas y reticencias iniciales que muestra el personaje interpretado por Julia Roberts hacia los recién llegados (por más que en la película se deje entrever que dichas dudas responden a una cuestión racial).
Esmail aprovecha esos momentos de desconcierto para introducir ciertos elementos que prácticamente encauzan con lo sobrenatural: los ciervos y flamencos, la repentina enfermedad del hijo (aunque aquí sí se llega a dar una explicación, más o menos, plausible), y, sobre todo, el hecho de que en la excursión que realiza el padre de familia (el personaje de Ethan Hawke) hasta el pueblo más cercano, no encuentre prácticamente a nadie por el camino; a excepción de una señora latina que sirve de excusa perfecta para montar un dilema moral bastante artificial.
Estos son los momentos más Shyamalan de Dejar el mundo atrás. Momentos de confusión y desorientación en los que se abre un amplio abanico para que el espectador esforzado empiece a montar sus propias conjeturas sobre lo que puede estar sucediendo. Y también son los momentos más emocionantes y divertidos de una película que está a punto de decantarse por la salida más predecible y menos arriesgada de cuantas podían existir.
No soy un espectador que reclame todas las respuestas. No me importa quiénes generan el caos ni las motivaciones que puedan tener para hacerlo. Pero sí me molesta que no haya una cierta coherencia entre el tono y el modo en que se plantean las preguntas y la respuesta final que se da al espectador. Si te esfuerzas en dibujar un escenario previo de misterio, de una extraordinaria extrañeza, de un regusto casi sobrenatural (esos ciervos y esos flamencos… de nuevo); decepciona un poco que todo acabe resolviéndose con unos vasallos de Trump (esto es cosecha propia) dispuestos a reventar el sistema desde el interior, demostrando lo estúpidos e inútiles que podemos llegar a ser cuando se nos priva de toda la tecnología que nos rodea.
Y si al problema de una resolución poco satisfactoria le sumamos el mal, ya casi endémico, de un exceso de metraje que se pierde en largos diálogos sin excesivo interés y planos secuencia de virtuosa ejecución (pero que aportan poca cosa a la historia); el veredicto final es que Dejar el mundo atrás arranca con fuerza (con mucha fuerza), pero poco a poco se va desinflando hasta convertirse en una experiencia gratificante, recomendable, pero tristemente olvidable.Reparto
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